jueves, septiembre 26, 2013

Pide que sea largo el camino



Cuando salgas a la ida hacia Ítaca,
pide que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrígones y a los Cíclopes,
al iracundo Poseidón no temas,
tales en tu camino nunca encontrarás,
si elevado permanece tu pensamiento, si elegida
emoción pulsa tu espíritu y tu cuerpo.
A los Lestrígones y a los Cíclopes,
al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma ante ti no los eleva.
Pide que sea largo el camino.
Que muchas sean las alboradas estivales
en que con qué contento, con qué gozo
arribes a calas vistas por vez primera;
detente en emporios de Fenicia,
y adquiere las mercancías preciosas,
corales y nácares, ámbar y ébano,
y voluptuosos y variados perfumes,
cuanto más abundantes puedas los voluptuosos perfumes;
ve a ciudades de Egipto, a muchas,
aprende y aprende de los instruidos.
Siempre en tu mente ten Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures en nada el viaje.
Mejor que por muchos años se prolongue;
y, ya viejo, ancles en la isla
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el viaje hermoso.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Pero no tiene ya que darte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprendieras ya qué significan las Ítacas.


C. P. Cavafis. 
(Obra poética completa, Ediciones La Palma, Madrid, 1991. Edición y traducción, Alfonso Silván Rodríguez, en la Odisea, Debolsillo, Barcelona, 2013)


Siempre, absolutamente, siempre, todas y cada una de las veces que releo este poema se me ponen los pelos como escarpias, pero lo mejor es la ligereza que siento después. 


[...] no apresures en nada el viaje.